
Nueve de la mañana y mi hijo mediano me dice: "mamá, los bichitos del zumo están arriba, tienes que sacarlos ya".
Sí, tengo 3 hijos y hablar de bichitos en esta casa es como hablar del tiempo meteorológico en una conversación de ascensor… inevitable.
Me encanta el mundo microscópico que nos rodea y más todavía el que tenemos dentro de nosotros. Llevo años investigando y formándome en el apasionante mundo de la microbiota, pero si tengo que decir las dos cosas que más me han ayudado a entender el mundo de los bichitos han sido, sin duda, fermentar mis propios alimentos en casa y ver las cacas de mis hijos día tras día.
El conocimiento más sólido sale de más profunda observación, algo que hemos ido perdiendo en este mundo de prisas y de «no me da la vida». Yo me considero una observadora nata, alguien a quien le encanta escuchar y alguien a quien le gusta hacer(se) muchas preguntas.
¿Sé cosillas de la microbiota? Sí, pero menos de las que me gustaría. Falta tanto por descubrir o, como digo siempre, tanto por re-descubrir… Pero me encanta ir enlazando presente (ciencia) y pasado (tradición) para poner un poco de sentido común en este mundillo.
Empecé mi andadura de nutricionista solo dedicándome a patología digestiva (las cacas es uno de mis temas favoritos). Y ahí fue cuando entendí que la microbiota no solo afecta directamente al intestino y que cuidarla es siempre un buen punto de partida.
O de salida.
Porque si estás aquí leyendo este texto puede que lo que quieras es salir…
– Salir del momento en el que estás.
– Salir del dolor.
– Salir de la incompresión.
– Salir de cena.
– Salir de marcha.
– Lo que sea.
>> Porque todos y cada uno de nosotros necesitamos cosas diferentes <<
Mi especialidad es cuidar la microbiota intestinal con todas las herramientas que tengamos a nuestro alcance. Y eso pasa por mirar la alimentación, claro que sí, pero también por prestar atención a las emociones y a lo que nos «está gritando» el cuerpo en forma de síntomas.
Yo no tengo ninguna varita mágica que arregle tu microbiota. Ojalá. Pero soy esa figura que observa, escucha y pregunta y que, por tanto acompaña.
Busca eso, sea con el profesional que sea.
Siéntete entendido y comprendido.
PD: El zumo no era un zumo, era kéfir de agua, y los bichitos no se veían, eran gránulos de kéfir flotando. Pero yo no le quiero quitar la magia a un niño tan pequeño 🙂
